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Un día de gran gloria
Ya se había anunciado que el nueve de junio sería un día especial para el pueblo de Dios dentro de la iglesia metodista del distrito Sierra Maestra. La expectativa entonces saltaba a la vista desde que comenzó a descubrirse el alba.
Con el amanecer la primera iglesia metodista de Bayamo se convirtió en fuego consumidor. El ir y venir de los miembros laboriosos se conjugaba a ratos con la oración ferviente por la victoria de la jornada.
Unos cargaban sobre sus hombros el peso de algún utensilio de trabajo, mientras otros se echaban a la espalda la sobrecargada mochila de amor y espíritu que tan necesaria es para no dejarse arrebatar una bendición. Pero tal vez los más llamativos eran aquellos que, asidos a un “jolongo”, llegaban desde muy lejos para recibir más de la gloria del Señor.
Al filo de las cuatro de la tarde todo fue total agitación al iniciarse uno de los mayores acontecimientos espirituales del presente año: el bautizo gigante.
Con la presencia del Obispo Ricardo Pereira, el Superintendente distrital Ernesto Peña y otros ministros y líderes, entraron a las aguas aproximadamente doscientos hermanos de diferentes iglesias de Granma. Muchos de ellos alegaron que nunca antes habían tenido una experiencia similar, pues por primera vez recibían también el bautizo del Espíritu Santo.
El suceso detuvo el paso de transeúntes curiosos y desvió, incluso, la vista de quienes viajando sobre ruedas pasaban por el lugar. Fue, sin dudas, una celebración con Cristo que mucho impactó a conversos e impíos.
Entre tanto esto acontecía, en la planta alta del templo bayamés se reservaban lugares para disfrutar de una noche completamente musical. Y es que, como colofón, ese día también se contaba con la presencia del mundialmente conocido Danny Berrios, ministro portorriqueño que por más de veinticinco años ha servido al Señor con su agradable y ungida voz.
Ante más de tres mil personas Danny hizo una entrega musical con los títulos más aclamados de su discografía, entre ellos El Shadai, Hombre de Fuego, Alaba a Dios y el Himno de Victoria, todos coreados por la multitud.
El versátil cantante, evidentemente emocionado, aseguró que al estar en la ciudad de Bayamo regresaba a sus orígenes maternales, razón que movió hasta la más sensible fibra de su corazón dejándole escapar al menos una lágrima.
Noticia enviada por: Katiuska León Borrero